
El 29 de julio de 2026, Victoria Infante subió a un escenario en Chicago para recibir un reconocimiento por su trabajo comunitario, entregado durante la celebración de la Independencia de Colombia organizada por la tesorera del Condado de Cook, Maria Pappas. Cuando me senté a conversar con ella, entendí que ese aplauso solo alcanzaba a contar una parte mínima de su historia. Detrás del homenaje hay casi dos décadas de trabajo con familias migrantes, y sobre todo, hay una mujer que aprendió, a la fuerza, qué significa emigrar con propósito.
De Ibagué a Chicago: una salida que nunca estuvo en sus planes
Victoria es orgullosamente ibaguereña. Habla del Tolima con una ternura que se nota incluso en los detalles más pequeños: durante nuestra charla insiste, entre risas, en que la verdadera lechona tolimense es sin arroz. Pero su salida de Colombia no tuvo nada de anecdótico. Mientras trabajaba con comunidades locales, comenzó a recibir amenazas que pusieron en riesgo su seguridad. Ella y sus padres tomaron una decisión urgente: debía irse del país.
En medio de esa incertidumbre apareció una posibilidad inesperada. A través de una amiga conoció a un pastor colombiano en Chicago que podía orientarla para solicitar asilo en Estados Unidos. Ella decidió confiar, un acto de fe en medio de la desesperación. Así llegó a Chicago en 2006, sin saber que esa decisión marcaría el inicio de una vida entera dedicada a emigrar con propósito, aunque todavía no tuviera ese nombre.
El duelo de emigrar y la soledad de comenzar otra vez
Le pregunto cuál fue la parte más difícil de esos primeros meses y no duda: la soledad. Llegó a una ciudad inmensa sin la red afectiva que había construido durante toda una vida. En Colombia tenía una historia, una profesión, una familia que la conocía. En Chicago, todo eso pareció desaparecer. «Nadie te conoce», me dice.
Victoria describe ese proceso con una palabra precisa: duelo. Explica que emigrar es un duelo y que ese duelo tiene etapas: la negación inicial, la rabia y la frustración, y finalmente el aprendizaje de negociar entre dos realidades sin renunciar al origen. Adaptarse, insiste, no significa olvidar. Significa aprender a integrar aquello que fuimos con aquello en lo que nos estamos convirtiendo.
Cuando la educación se convierte en un puente

Ahí entendió algo esencial: cuando una familia está preocupada por la comida o el alquiler, la educación deja de ser prioridad, no porque no importe, sino porque la supervivencia ocupa todo el espacio disponible. Ese hallazgo terminaría definiendo su forma de emigrar con propósito, conectando siempre la educación con el acceso a recursos básicos.
«Yo soy una conectora»
Si tuviera que resumir su papel en una palabra, Victoria elige «conectora». No pretende tener todas las respuestas, pero promete ayudar a encontrarlas. Esa filosofía tomó forma concreta cuando descubrió que muchas familias no llevaban a sus hijos a la escuela por falta de ropa limpia o productos básicos. Así nació La Tiendita, un espacio donde las familias eligen gratuitamente lo que necesitan, en lugar de recibir bolsas armadas por otros.
Ese detalle, el poder de elegir, preserva algo que para ella es innegociable: la dignidad. Con el tiempo, La Tiendita creció hasta atender a cientos de familias en Chicago y los suburbios, sumando talleres sobre derechos y alianzas con clínicas de salud. Una idea nacida del dolor se convirtió en una red que hoy multiplica lo que significa emigrar con propósito.
Una frase que lo cambió todo
Durante la llegada de familias migrantes a Chicago, Victoria ayudó a inscribir a varios niños en las escuelas. Días después, uno de ellos la reconoció en la calle, corrió a abrazarla y le dijo: «Tú eres la señora que me dio amigos». Para Victoria, esa frase resume su propósito mejor que cualquier reconocimiento oficial: no se trata de gestos gigantescos, sino de estar presente cuando alguien necesita que lo vean.
El duelo no termina con la migración
La vida de Victoria también ha estado marcada por otras pérdidas, incluida la de su pareja por cáncer de colon. Hoy quiere usar su plataforma para generar conciencia sobre la prevención del cáncer colorrectal, transformando otra vez el dolor en una forma de cuidar a los demás. Es la misma fórmula que ha guiado toda su historia: convertir lo que duele en una herramienta para acompañar a otros.
Emigrar con propósito no significa que el camino sea fácil

Cuando le pregunto cómo quiere ser recordada, no menciona títulos ni certificados. Solo quiere que alguien diga: «Ella estuvo ahí». Y quizás ahí, en esa sencillez, está la esencia real de emigrar con propósito: no partir sabiendo exactamente hacia dónde vamos, sino descubrir, con los años, que nuestras experiencias más difíciles terminan abriéndole el camino a alguien más.
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