Colombia mira hacia sus científicos en el exterior

Publicado por Mónica Sanabria | septiembre 30, 2026 | Actualidad
diáspora científica colombiana

Durante décadas hemos hablado de “fuga de cerebros”.

La expresión se convirtió casi en una sentencia para describir a los profesionales que salieron de Colombia buscando universidades, laboratorios, oportunidades de investigación y condiciones que muchas veces no encontraron en su propio país. Un científico colombiano que conseguía una posición en Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania o Reino Unido podía interpretarse como un talento que Colombia había perdido.

Pero esa conversación comienza a cambiar.

El pasado 4 de septiembre, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Ministerio de Relaciones Exteriores anunciaron una hoja de ruta conjunta que pretende utilizar la presencia internacional de Colombia para conectar conocimiento, tecnología, financiación y talento con las necesidades del país.

Y dentro de esa estrategia aparece una idea especialmente significativa para los colombianos que viven fuera de sus fronteras: la diáspora científica colombiana puede convertirse en un activo para Colombia.

No se trata necesariamente de pedirles a los científicos que regresen, sino de construir caminos para que el conocimiento también pueda regresar.

Cuando emigrar deja de significar desconectarse

Un colombiano puede investigar inteligencia artificial en Estados Unidos, estudiar enfermedades en un laboratorio europeo, desarrollar tecnologías ambientales en Canadá o trabajar en biodiversidad desde una universidad australiana. Su dirección cambia, pero su conocimiento no necesariamente tiene que perder el vínculo con Colombia.

Esa es una de las ideas centrales detrás de la nueva estrategia anunciada por MinCiencias y Cancillería. El Gobierno busca fortalecer la conexión entre investigadores colombianos residentes en otros países y universidades, centros de investigación, empresas y proyectos estratégicos dentro de Colombia.

En otras palabras, la diáspora científica colombiana dejaría de entenderse únicamente como una comunidad de profesionales que vive lejos para comenzar a verse como una red de conocimiento distribuida por el mundo.

La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es, porque cambia la pregunta. En lugar de preguntarnos solamente “¿cómo hacemos para que regresen?”, Colombia comienza a preguntarse también “¿cómo hacemos para conectarnos con lo que están construyendo afuera?”

Diez nodos para conectar a Colombia con el conocimiento mundial

diáspora científica colombiana

Uno de los primeros pasos será la activación de hasta diez Nodos de Diplomacia Científica en misiones estratégicas de Colombia en el exterior.

¿Pero qué significa eso para una persona que no trabaja en ciencia? La idea es relativamente sencilla: estos nodos funcionarían como puntos de conexión entre científicos, universidades, centros de investigación, empresas, organismos internacionales y proyectos colombianos.

Imaginemos, por ejemplo, que un grupo de investigadores colombianos trabaja en el exterior en tecnologías relacionadas con el agua, energías limpias, salud, agricultura o biodiversidad. Al mismo tiempo, una universidad o una región de Colombia enfrenta un desafío relacionado con alguno de esos campos. El objetivo sería facilitar el puente entre ambos mundos.

Los nodos también podrían ayudar a identificar cooperación internacional, financiación, transferencia de tecnología y oportunidades para desarrollar investigaciones conjuntas. Por eso la diáspora científica colombiana puede desempeñar un papel mucho más amplio que el de representar exitosamente al país en universidades y laboratorios internacionales: puede ayudar a conectarlo.

No se empieza desde cero

También es importante aclararlo: Colombia no acaba de descubrir que tiene científicos alrededor del mundo.

Ya existen redes de investigadores colombianos en el exterior, experiencias anteriores de diplomacia científica y una Mesa Intersectorial para la Diplomacia Científica de Colombia, conocida como MIDICI, en la que participan más de 40 actores entre Gobierno, academia, centros de investigación, cooperación internacional, sociedad civil y expertos.

Lo que cambia ahora es la intención de convertir esa estructura y esas conexiones en resultados verificables. MinCiencias y Cancillería establecieron una primera hoja de ruta de 100 días.

Durante ese período deberán definir los equipos responsables, estructurar una estrategia para buscar recursos internacionales, avanzar en la activación de los nodos y fortalecer el mecanismo que conectará a los investigadores colombianos que viven fuera del país.

Es decir, la diáspora científica colombiana ya existe. El verdadero desafío comienza ahora: lograr que esa enorme red de conocimiento pueda relacionarse de manera efectiva con las necesidades de Colombia.

De la fuga de cerebros a la circulación del conocimiento

diáspora científica colombianaDurante mucho tiempo la migración del talento altamente calificado se observó principalmente desde la pérdida, y existen razones para ello. Formar a un científico requiere años de educación, inversión y experiencia. Cuando ese profesional encuentra mejores condiciones para desarrollar su carrera en otro país, Colombia puede perder una parte importante de ese potencial.

Sin embargo, el mundo actual permite una relación mucho más compleja entre migración y conocimiento. Un investigador no necesita vivir permanentemente en Colombia para dirigir una investigación conjunta. Puede acompañar estudiantes colombianos, conectar universidades, participar en proyectos, abrir puertas a laboratorios internacionales, compartir metodologías y tecnologías, ayudar a conseguir financiación, crear redes o convertirse en mentor de nuevos investigadores.

Y puede hacer todo eso sin abandonar necesariamente la carrera y la vida que construyó en otro país.

Aquí aparece una idea mucho más interesante que la tradicional “fuga de cerebros”: la circulación del conocimiento.

La diáspora científica colombiana puede permitir que una experiencia adquirida en Boston, París, Toronto, Londres o Berlín encuentre una conexión con Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Manizales o con territorios colombianos donde ese conocimiento pueda producir un impacto concreto.

Estados Unidos también entra en esta nueva conversación

diáspora científica colombianaSolo seis días después del anuncio de la estrategia de diplomacia científica apareció otra señal. El 10 de septiembre, MinCiencias y la Comisión Fulbright Colombia informaron que avanzan en la construcción de una nueva agenda de cooperación entre Colombia y Estados Unidos.

La iniciativa busca ampliar oportunidades de formación de alto nivel, movilidad académica e intercambio científico. También contempla estudiar la viabilidad de destinar recursos para estancias doctorales y posdoctorales y fortalecer las capacidades de los programas de doctorado colombianos.

Hay un elemento particularmente interesante: la intención de fortalecer el vínculo con la comunidad Fulbright y generar nuevas oportunidades de colaboración con sus integrantes.

Es nuevamente la misma lógica: una persona sale de Colombia para formarse, aprende, investiga y construye redes. Ese recorrido internacional puede convertirse después en una vía de doble dirección.

Francia muestra que estas conexiones pueden durar décadas

Otro anuncio reciente permite entender que la estrategia no se limita a Estados Unidos. Colombia también está revisando su cooperación científica con Francia a través del programa ECOS-Nord.

La relación tiene casi tres décadas de historia. Entre 1998 y 2024, este programa respaldó 205 proyectos de investigación, promovió movilidad académica, apoyó formación doctoral y contribuyó a crear redes científicas de alto nivel entre ambos países. Actualmente mantiene 15 proyectos financiados.

La experiencia demuestra algo fundamental: una estancia académica en otro país puede ser mucho más que un viaje individual. Puede convertirse en el comienzo de una relación entre investigadores, instituciones y generaciones de estudiantes.

Precisamente ese tipo de vínculos son los que Colombia quiere fortalecer ahora con la diáspora científica colombiana.

¿Y qué gana Colombia?

La respuesta no debería reducirse a prestigio. Que un colombiano llegue a una universidad reconocida internacionalmente produce orgullo, pero el verdadero potencial aparece cuando ese logro individual puede abrir posibilidades para otros.

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Colombia enfrenta desafíos enormes en salud, cambio climático, transición energética, seguridad alimentaria, inteligencia artificial, educación, biodiversidad, desarrollo de los territorios y tecnología. Ninguno de estos problemas puede resolverse únicamente dentro de las fronteras nacionales.

La ciencia actual funciona mediante redes internacionales. Por eso, tener investigadores colombianos trabajando en distintos lugares del planeta puede representar una ventaja extraordinaria si el país consigue construir mecanismos eficientes para conectarlos.

La diáspora científica colombiana puede convertirse entonces en una puerta hacia laboratorios, universidades, financiación, innovación y conocimiento al que muchas instituciones nacionales difícilmente accederían por sí solas.

Pero anunciarlo no será suficiente

Aquí también conviene mantener los pies sobre la tierra. Una hoja de ruta no garantiza resultados, y crear nodos tampoco significa automáticamente que científicos, universidades y empresas comenzarán a colaborar. El éxito dependerá de lo que ocurra después del anuncio.

¿Los investigadores encontrarán mecanismos sencillos para participar? ¿Habrá proyectos concretos? ¿Llegarán recursos internacionales? ¿Se crearán oportunidades para científicos jóvenes? ¿Las universidades colombianas podrán aprovechar realmente estas conexiones? ¿El conocimiento llegará también a las regiones o permanecerá concentrado en las grandes ciudades?

Esas son las preguntas que deberán responderse cuando termine la primera fase de 100 días. Porque reconocer el valor de la diáspora científica colombiana es un comienzo; convertirla en oportunidades reales será la verdadera prueba.

El país también existe más allá de sus fronteras

Quizás esta iniciativa tenga un significado que supera a la ciencia. Durante mucho tiempo hemos asociado la contribución al país con permanecer físicamente en él. Pero millones de colombianos viven fuera de Colombia y crean empresas, enseñan, investigan, diseñan, descubren, cuidan, escriben, desarrollan tecnología y construyen comunidades en otros lugares.

La distancia no necesariamente elimina la posibilidad de aportar.

La diáspora científica colombiana

Un científico colombiano que vive a miles de kilómetros puede ayudar a formar a un estudiante en Colombia. Un investigador puede conectar dos universidades que nunca habían trabajado juntas. Una colombiana que participa en un laboratorio internacional puede abrir una puerta para una investigación nacional. Un profesional que construyó su carrera en el exterior puede convertirse en mentor de alguien que apenas comienza.

Son vínculos, y los vínculos no siempre necesitan proximidad para existir.

Tal vez nunca se trató solamente de hacerlos regresar

Durante años Colombia se preguntó cómo recuperar el talento que se marchaba. Quizás esa pregunta necesita evolucionar.

Por supuesto que crear condiciones para que investigadores altamente calificados puedan regresar sigue siendo importante. Pero regresar físicamente no debería ser la única forma posible de contribuir.

La pregunta también puede ser otra:

¿Cómo hacemos para que un colombiano que triunfa, investiga o crea conocimiento en cualquier lugar del mundo siga teniendo una puerta abierta para conectarse con su país?

La nueva estrategia de diplomacia científica intenta comenzar a responderla. Todavía es temprano para saber si funcionará. Los próximos meses mostrarán si los anuncios se convierten en proyectos, financiación, cooperación y oportunidades concretas.

Sin embargo, hay un cambio de mirada que merece atención. Colombia empieza a reconocer que parte de su capacidad científica también vive fuera de sus fronteras.

Y quizá el futuro no consista únicamente en recuperar los cerebros que un día emigraron, sino en construir suficientes puentes para que el conocimiento nunca termine de irse.

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Sobre el autor
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Mónica Sanabria
Comunicadora Social y Periodista con Maestría en Relaciones Internacionales. Extensa trayectoria en medios de comunicación (prensa, radio & TV). Community manager, creadora de contenido, editora, diseñadora gráfica y fotógrafa. Dirige su agencia desde el 2023. ideaguruadvertising.com Recientemente, ha lanzado su nuevo emprendimiento, Idea Gurú - Mentores Latinos. Este proyecto refleja su compromiso con el crecimiento y desarrollo, brindando apoyo, promoción, mentoría y orientación a emprendedores latinos en el exterior