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‘Mija’: nunca olvides quién eres ni de dónde eres.

‘Mija’: nunca olvides quién eres ni de dónde eres.

Con más de medio millón de colombianos, Nueva York bien podría ser considerado un “exo-departamento” de nuestra República, y el Distrito de Queens, su capital. Diverso, caótico y exuberante, este pedazo de metrópoli cuenta con la mayor diversidad étnica del mundo, congregando 150 nacionalidades que hablan alrededor de 160 idiomas. No es raro entonces que allí se concentre la comunidad colombiana más numerosa de los Estados Unidos, compuesta por los inmigrantes y sus hijos, muchos de ellos nacidos en tierra americana y pertenecientes a la “tercera cultura”, con costumbres de aquí y de allá. Lory Martínez pertenece a este selecto grupo.

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Periodista, productora de podcasts, amante de los pandebonos y fundadora de Studio Ochenta, Lory es una colombo-americana a la que le gusta contar las historias que hubiera querido escuchar cuando era niña. De su viaje personal para descubrir su identidad nació ‘Mija’, un podcast de autoficción que relata la historia de migración de una familia colombiana a los Estados Unidos y de su narradora, nacida en Queens. Grabado en inglés, español y francés, ‘Mija’ llegó a ser la historia más escuchada en Francia y España, y está triunfando en Latinoamérica; estuvo nominado a un Latin Podcast Award, fue premiado en los Webby Awards 2020 -los Premios Oscar de Internet- y salió en un artículo del New York Times junto a ‘Ochenta Stories’, otro proyecto de la casa. 

Desde París, donde vive hace cinco años, Lory nos habló sobre su vida y sus proyectos: la experiencia de pertenecer a una doble cultura, el privilegio de crecer en Queens, la situación de los latinos en los Estados Unidos, su trabajo como periodista internacional y, por supuesto, la historia detrás de ‘Mija’, su “Macondo personal”

Vínculos: empecemos por la historia que nos llevó hasta ti. ¿Qué tanto de ficción y qué tanto de realidad tiene ‘Mija’?

Lory Martínez: cuando uno cuenta una historia sobre la familia siempre echa un cuento. Yo quería hacer un documental sobre mi familia, y cuando empecé a entrevistarlos me di cuenta de que todo el mundo me estaba omitiendo o exagerando, porque cuando tú te presentas y cuentas tu vida eres el héroe de tu propia historia, y es algo bonito. Ese realismo mágico que tenemos es la base de nuestras historias. Ahí vi que esa mezcla de realidad y ficción era más una novela que un documental, y la convertí en un podcast. 

Aproveché entonces para darle a algunas historias los finales que nos habría gustado tener. También quise hacer un homenaje a mis padres, que para mí son héroes; ellos se fueron de Colombia en los 80 sin hablar nada de inglés, y cuando les preguntas cómo lo hicieron te dicen “yo llegué aquí y pues… ¡colombiano no se vara!”. No se dieron cuenta de la magnitud de lo que habían hecho hasta que escucharon el podcast. Luego yo adicioné detalles, le puse algo de magia y creé una historia con la que muchos migrantes pudieran identificarse. 

 

V: Naciste en Estados Unidos, pero tus padres son colombianos; ¿dónde sientes que están tus raíces?  

L.M. Yo no me sentía tanto como una latina en los Estados Unidos hasta que me fui de Nueva York a estudiar a Binghamton, a unas tres horas y media. Cuando llegué fue un shock enorme porque no me había dado cuenta de que… oh my god!.. ¡Todos son blancos!.. ¡Nadie habla español aquí! Era la única latina de la clase y ahí me di cuenta de que era diferente. Yo venía de una ciudad muy diversa, y de un barrio con una comunidad latina muy mezclada: cubana, puertorriqueña, dominicana, peruana… Ese es un privilegio que tenemos los hijos de los inmigrantes que vivimos en ciudades con muchas poblaciones diferentes. Cuando dejé de tenerlo me di cuenta de la falta que me hacía, y de que esas eran mis raíces: mis raíces son latinas-americanas. Yo soy Lory, la colombiana-americana: nací y crecí en Nueva York, siempre comiendo mis pandebonos y mis arepas todas las mañanas, soy colombiana porque mis papás son colombianos, y mi primer idioma es el español. 

De izquierda a derecha: Lory con su hermano en Bogotá, con su mamá en Flushing Meadow Park en Queens un 20 de Julio y con su papá en su taxi. 

V: ¿Qué significa para ti poder hablar en español, alguna vez rechazaste el idioma? 

L.M. ¡Es un súper poder! Nunca tuve ese sentimiento. Hay muchos latinos en los Estados Unidos que no hablan español porque sus papás no querían que tuvieran acentos raros, por orgullo, o por estigma, y es una gran pérdida. Me siento más en casa cuando hablo español. Aunque estemos lejos, mi mamá me llama todos los días: siempre hablamos en español y es gracias a ella que lo mantengo y puedo trabajar en tres idiomas. Es lo que me permite tener esa conexión con la familia. Cuando íbamos a Colombia recuerdo que me decían “Ay, Lory Susana, ¡cómo habla de bonito el español, qué bonito acento! Y casi no tiene errores”. Me sentía muy orgullosa de no sonar como una gringa y de hablar mejor que mi hermano, que tuvo tanta dificultad para aprenderlo (risas). 

 

V: ¿Recuerdas la primera vez que fuiste a Colombia? 

L.M. Yo iba cada año desde bebé: apenas tuve mis aretes puestos ya me fui para Colombia. No tengo una memoria específica pero sí los recuerdos de estar en el aeropuerto, ver a la familia delante de mí, a los abuelos, y tener ese sentimiento de llegar a casa, aunque no fuera mi casa. Nuestras vacaciones eran siempre en Colombia y por eso tengo esas conexiones, pero luego crecimos y preferíamos quedarnos con nuestros amigos en Nueva York. Más adelante me interesé muchísimo por Europa, se me volvió una obsesión, y hace 13 años no voy… Iba a ir en septiembre con mi esposo, pero por la pandemia no podremos… ¡Qué pesar!

 

V: Volvamos a Nueva York. ¿Cómo fue crecer en Queens, con toda esa diversidad cultural? 

L.M. Oh my god! Te puedo decir que mis mejores amigos eran: dos judíos, una puertorriqueña-guatemalteca, dos afroamericanos, un mexicano, una dominicana y un polaco. Esa fue mi escuela, yo crecí con eso, en un lugar donde todos éramos diferentes, y donde todos teníamos los mismos problemas. En Nueva York hay algo que se llama stop and frisk*, y la policía siempre cogía a los muchachos latinos y afroamericanos. A mi hermano lo pararon y a mis amigos también, muchas veces. Ese era un trauma que compartíamos; juntos entendíamos que éramos diferentes, para nosotros la normalidad era la diversidad, y sabíamos que había ciertas cosas que nos afectaban, pero dentro de Queens no lo sufríamos tanto. (*El programa stop-question-and-frisk, o stop-and-frisk, es una práctica del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York de detener temporalmente, interrogar y, a veces, buscar civiles y sospechosos en la calle en busca de armas y contrabando.)

 

V: ¿Entonces cómo te percibías en ese entonces?

L.M. En los Estados Unidos a los latinos muchas veces nos ven como ilegales -sobre todo con Trump- y a los colombianos, como narcotraficantes. Los estereotipos que están asociados con los latinos en los Estados Unidos no son positivos, entonces siempre negué esa parte de mí. Vivía en la doble cultura pero no me decía: “yo soy latina”. 

Lory en su casa de París. De fondo, los logos de ‘Mija’ podcast y Ochenta Studio, bordados por su tía que vive en Bogotá. 

 

V: Al empezar a identificarte como latina, ¿tuviste algún conflicto, o lo asumiste con orgullo?

L.M. ¡Con orgullo! Porque me di cuenta de que lo que me hacía más interesante era mi diferencia. Cuando me vine para Francia era algo que quería mostrar. A los hispanos que estamos en Estados Unidos no nos imaginan yéndonos a París; nos imaginan trabajando toda la vida en un Burger King, o acabando mal. Por ejemplo, a Alexandria Ocasio-Cortez la veían solo como una ‘bartender’, no como una congresista, y ahora sí lo es. En los Estados Unidos hacen mucha falta ídolos latinos: no somos personas muy representadas ni en la farándula, ni en las películas, ni en otros ámbitos. Ahora sí hay algunas latinas visibles, pero cuando yo era pequeña, no. Por eso lo que busco a través de mis podcasts es visibilizar más historias latinas. 

 

V: Hablando de Alexandria Ocasio-Cortez, y de las otras congresistas de minorías étnicas -Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley-, ¿sientes que las cosas están cambiando?

L.M. Alexandria Ocasio-Cortez es la representante de Jackson Heights, el barrio diverso donde yo crecí. Creo que las cosas han cambiado porque ahora hay más medios para compartir nuestras historias: el #MeToo, el ‘Pero Like’ on Buzzfeed -más enfocado en los latinos-, y también cuentas de Instagram y muchos más podcasts y compañías de podcasts creadas por latinas en los Estados Unidos. Sin embargo, seguimos siendo una comunidad muy olvidada en las discusiones que se están sosteniendo sobre lo que es la diversidad de los Estados Unidos y lo que pasa con los niños en las fronteras. Es difícil para mí ver todo eso de lejos; que los latinos en Estados Unidos sean el ‘target’ de tanto desprecio, y que no hagamos nada. Ya antes muchos nos veían como ilegales, pero es mucho más extremo con Trump. No quiero entrar en política pero es difícil no verlo ni decirlo. 

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V: ¿Influyó todo eso en tu decisión de irte a vivir a Francia?

L.M. Venir a Europa era como decir: “yo soy una colombiana-americana en París, ¿y qué? Lo logré, y hasta creé una compañía”. ¡Es impresionante! ¿Por qué no estar orgullosa de eso? Aquí empecé a identificarme mucho más, aunque al principio me hacía mucha falta la familia, yo decía: “oh my god!.. ¿Dónde está mi gente?”

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V: ¿Esa nostalgia te llevó a conectar con la comunidad de colombianos y latinos en Francia? 

L.M. ¡Claro! La primera vez que vine fue a los 17 años, a estudiar francés en La Sorbonne, y tuve mucha dificultad con eso de ser “americana”, porque no encajaba en el estereotipo que tenían aquí: en mi clase había muchos niños ricos, rubios; y yo soy neoyorquina, pero hija de inmigrantes. No era la misma historia y me sentí muy separada de sus experiencias, así que lo primero que hice fue buscar una panadería, pero no había; busqué entonces una tienda para comprar al menos una Harina P.A.N para mis arepas y la encontré: se llamaba La Fonda, hacían empanadas y hasta se podían mandar paquetes a Colombia: ¡me recordó tanto a la casa! A Jackson Heights, donde está la comunidad colombiana y todos se ayudan entre sí. El día antes de irme volví a La Fonda y les dije a los muchachos que era mi última noche, entonces me sirvieron un aguardiente y me dijeron: “tú vas a regresar”. Cuando volví ya no los encontré, pero esta vez la historia era diferente: ya no estaba preguntándome quién era yo, ya lo sabía. Encontré mi Harina P.A.N en otro lugar, empecé mis propias tradiciones, aprendí a hacer mis pandebonos y todo eso. 

¿Hay algo más colombiano que unos pandebonos caseros hechos en París? Imagen tomada de la cuenta de Instagram de Lory Martínez. 

 

V: ¿Cómo acabaste en París?

L.M. Yo trabajaba como periodista en Nueva York, era locutora de radio de NPR, y quería convertirme en periodista internacional. Hice un máster en la Universidad Americana de París y me quedé. Con los años mi francés fue mejorando y encontré esa internacionalidad que quería a través de los idiomas; los americanos que vienen a Francia normalmente trabajan en inglés y no hablan ni siquiera un poquito de francés. Me empezaron a pedir reportajes en las tres lenguas y así fue como empecé a trabajar como periodista independiente. Ahora me he concentrado en el formato podcast, el audio siempre me fascinó y en septiembre de 2019 fundé mi empresa, Studio Ochenta, que se estrenó con Mija. 

V: ¿De dónde te viene la vena periodística?

L.M. Mi abuelo era redactor en El Tiempo y cuando yo era chiquita me hablaba de sus reportajes; él se enfocaba en las historias en la selva amazónica y las comunidades indígenas, era un periodismo que ayudaba a la gente y siempre me inspiró mucho. Tengo su tarjeta de prensa en mi billetera como un amuleto que saco siempre que me siento un poco perdida o pierdo fe en mi proyecto. Aunque ya no esté en este mundo, me sigue acompañando. 

Carné de prensa del abuelo de Lory, su amuleto. 

 

V: ¿Y cómo nació ‘Mija’ podcast?

L.M. Viviendo en Francia, regresé para el grado de mi hermano. Era la primera vez que mi familia se reunía desde hacía más de 10 años, y la primera vez que mi abuela viajaba a los Estados Unidos. Fue muy bonito y muy impactante porque las familias de los inmigrantes casi nunca se encuentran, siempre están conectadas, pero desde la distancia. Vernos así me dio mucho sentimiento y empecé a tomar notas de las interacciones de todos. Al final mi papá me llevó al aeropuerto y pasé cuatro horas con él, entrevistándolo en el carro; por primera vez en mi vida le pregunté cómo había llegado a los Estados Unidos. En ese momento yo también estaba como inmigrante, viviendo en Francia, y quería saber cómo lo hizo él, cómo lidió con la tristeza y todos los sentimientos que tienes al irte. Ahí empezó ‘Mija’; yo quería contar una historia de familia y que, aunque fuera la mía, muchas ‘Mijas’ del mundo pudieran verse reflejadas, algo más universal. Mija es un proyecto que necesitaba para sentirme más en casa estando tan lejos. 

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V: ¿Cuál es tu episodio favorito de ‘Mija’ podcast? 

L.M. Mi episodio favorito es el de la casa, porque es algo que siempre soñé tener; esa casa física con toda la familia reunida, que no es real porque mi familia está por todo el mundo: México, Argentina, Australia, Alemania, España, Estados Unidos, Francia… No estamos juntos, no podemos estar juntos, pero nos quedan esos vínculos colombianos. 

 

V: En la segunda temporada del podcast la ‘Mija’ latina le pasa el micrófono a Melanie Hong, una ‘Mija’ parisina de padres asiáticos. ¿Cómo ha sido esa experiencia? 

L.M. He aprendido que aunque seamos de comunidades diferentes, la ‘Mija’ latina y la ‘Mija’ asiática tienen la misma historia, hay muchas cosas que compartimos: la dificultad de integrarnos en una comunidad que no nos entiende, las discriminaciones que vivimos en algún momento… Deberíamos tener una solidaridad entre comunidades, pero es difícil. Esta segunda temporada está disponible en inglés, francés, español y chino mandarín. 

 

V: Si pudieras hablar con la Lory del pasado, ¿qué consejo le darías en el 2020?

L.M. Nunca olvides quién eres ni de dónde vienes. Cuando llegué a Francia experimenté un choque cultural, no supe cómo posicionarme en el mercado laboral ni en el personal, y me di cuenta de que lo más importante es tener una identidad firme. Ahí encontré mi éxito: empecé Studio Ochenta con mi propia identidad, el nombre viene de la Calle 80 en Jackson Heights, muy cerca a la Calle Colombia (la 82) y a la que llegan todos los inmigrantes colombianos de Nueva York. 

Escucha ‘Mija’ podcast y Ochenta Stories en iVoox, Apple Podcast y Spotify.

Sobre el Autor

Manuela Osorio

Manuela es Comunicadora Social y Periodista de la Universidad de Manizales y tiene un máster en Economía Creativa, Gestión Cultural y Desarrollo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha vivido y trabajado en Estados Unidos, India y Reino Unido. Hoy se dedica a la creación de estrategias digitales para empresas y contenidos para medios digitales e impresos, desde España.

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