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No hay punto del mapamundi donde no haya un colombiano.

No hay punto del mapamundi donde no haya un colombiano.

Si hay algo que nos caracteriza a los colombianos es nuestra capacidad de recuperarnos ante situaciones adversas y la facultad de adaptarnos a nuevas circunstancias. Crecimos en un país con una realidad social compleja que nos enseñó a sacar “perrenque”, a bregar hasta el final y a buscarle la “comba al palo” aquí y en la China, literal.   

Somos resilientes y también creativos en la búsqueda de soluciones, así esto signifique salir del territorio, dejar a los nuestros, aprender un nuevo idioma y arrancar a florecer de raíz. ¿Las razones? Tan diversas como los destinos a donde vamos, que son a veces inusuales o bastante remotos. 

Según información encontrada en el portal oficial del Estado colombiano GOV.CO, hay 65 connacionales registrados en Azerbaiyán -región del Cáucaso-, 22 en Eslovaquia, 13 en Gabón -África-, 10 en Bielorrusia, tres en Sri. Lanka -India-, dos en Kosovo -península balcánica-, dos en Brunei Darussalam -Asia-, dos en Macao -al sur de China continental-, uno en Sudán del Sur… ¡la lista es larga! 

Tales cifras parecen indicar que no hay un punto del mapamundi donde no haya un colombiano. La migración de coterráneos ha sido un fenómeno estrechamente ligado a la situación social, económica y política del país durante décadas, como también, un efecto de la globalización, lo explica en su página web la Cancillería de Colombia que a su vez añade que, los principales motivos son: la búsqueda de oportunidades laborales, la reunificación familiar, la mejora de los niveles de calidad de vida y la oferta de estudios. 

Los antecedentes históricos muestran que las naciones que más han experimentado una migración masiva de colombianos a lo largo de los años han sido: Estados Unidos, Venezuela y España. Sin embargo, en la actualidad, estamos en cualquier parte del globo terráqueo, y Nueva Zelanda no es la excepción. 

De acuerdo con la Cónsul General de Colombia en Nueva Zelanda, Juliana Pungiluppi, el Sistema Integral de Trámites al Ciudadano (SITAC), del Ministerio de Relaciones Exteriores, tiene un registro de 1,733 ciudadanos colombianos residiendo en este país. Al ser un proceso que no es obligatorio, se estima que la cifra ascendería a más de 3.500 connacionales. Y yo que pensé que vivíamos 10 “peludos” aquí. 

Y sí, el dato es sorpresivo, si tenemos en cuenta que es uno de los territorios geográficamente más aislados del mundo -no tiene fronteras terrestres-. Adicional, tiene muy baja densidad poblacional. Es a su vez llamativo el cálculo de que pueda haber 1.767 personas, un poco más de la mitad de lo consignado, por fuera del registro del Estado colombiano. ¿Por qué? 

La población en calidad de refugio es un factor importante, sostiene la Cónsul. Se estima que corresponden al 60% del total de migrantes en Nueva Zelanda, que han llegado al país bajo el programa de cuotas del gobierno neozelandés, en el cual entran alrededor de 50 y 60 familias al año.  

Las personas refugiadas han salido de Colombia en situaciones difíciles y abruptas y algunos no desean tener ninguna relación con el “Estado expulsor”, como lo denomina Pungiluppi. “En general, (su) situación es particular a la luz de la Ley 1478, por sus objetivos de reparación integral y no repetición, que lleva al Consulado a promover los derechos que tienen como víctimas del conflicto”, finaliza.

Sea cual sea la razón por la que estamos fuera de nuestro país, somos una comunidad grande, que tiene la posibilidad de crear un territorio común, así sea virtual, ¿por qué no? Un espacio en el que volvamos a leer y a escuchar lo que nos gusta, lo que nos acerca, lo que nos hace sentir calor de hogar. Bienvenidos todos a este punto de encuentro.

Sobre el Autor

Ana María Giraldo López

Ana es comunicadora social y periodista de la Universidad de Manizales. Tiene experiencia en comunicación organizacional y relaciones públicas. Vive hace seis años en Christchurch, Nueva Zelanda. Su pasión por la escritura y su innato talento como storyteller, la ha llevado a participar en diversos proyectos como: Historias de Cuarentena y New Zealand Stories. En la actualidad es creadora de contenido freelance.

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