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Lo más duro de ser papá en el exterior

Lo más duro de ser papá en el exterior

La sociedad nos ha hecho creer que nuestros padres son esos seres que todo lo pueden y que no existe obstáculo que no puedan vencer,  nos han creado una imagen de que estos hombres son inquebrantables casi al punto de verlos como unos súper héroes de ficción.  Cuando vemos que detrás de rostros marcados poco a poco por las líneas de la vida, se encuentran hombres reales, humanos, con temores,  inseguridades que lloran y ríen como el resto de los mortales.

Saber que vives siendo observado por esos pequeños, que van a estar absorbiendo como esponjas  todo lo que hagas o digas y van a repetirlo tal cual, crea una carga de responsabilidad muy grande que cae sobre sus hombros.  

Pero es importante que los veamos como son realmente, para que también se liberen un poco de ese peso y puedan vivir una vida más real junto a su familia. Que se sientan en libertad de mostrar sus sentimientos, de pedir ayuda si la necesitan,  que puedan crear una relación de cercanía, ya que no tendrán que estar demostrando exhaustivamente que todo lo pueden.  

Encontré una nota  de un padre a su hijo y la quiero compartir con ustedes, no tiene autor,  pero  la cito porque es  perfecta para entender de lo que estamos hablando aquí:

 “Hijos, de antemano, disculpen mis faltas que yo ayudaré a enmendar las suyas. Y si algún día están hartos de mí, los comprenderé porque yo estuve harto de los míos. Pero no olviden que cuando me quieran reencontrar estaré en el mismo lugar, con mis brazos dispuestos a sostenerlos y apoyarlos”.

No seamos tan duros y exigentes con ellos,  recordemos que con “la  vara que midas serás medido”. No creemos un muro difícil de traspasar en nuestra relación entre   padres e hijos.  Aprendamos a conocerlos mejor y a saber realmente en qué momentos han llegado a sentirse abrumados y  asustados  durante la crianza de sus hijos.   

Hoy algunos padres colombianos que viven en el exterior nos  confiesan los momentos más difíciles que recuerdan:

Rodrigo Leudo, Colombiano, vive en Chicago desde hace 10 años y es padre de dos hijos. Nos cuenta sus retos y dificultades.

“Lo más difícil de ser padre para mí ha sido velar porque mis hijos siempre estén actuando en conformidad con los valores que les he enseñado en casa. Inculcarles que siempre tengan en mente ser personas auténticas sin tratar de agradar a nadie sino que sean ellos mismos y que persigan  sus sueños y metas”.

Rodrigo agrega que también hay que formar a los hijos de acuerdo a las normas culturales del país al que se migra: “Al criar hijos en el exterior se presentan muchos retos y es clave respetar la cultura americana. Entender que hay otros matices y otros puntos de vista que se deben respetar, algunos  muy diferentes a los valores y las tradiciones que teníamos en nuestro país”. 

“En Colombia estamos acostumbrados a que los hijos vivan largo tiempo con los padres y en Estados Unidos es al contrario, apenas terminan el colegio ya se mudan a otro lugar a seguir la universidad, viviendo de manera independiente. Ese es un punto difícil  pero afortunadamente mantenemos una buena relación con nuestros hijos y nos visitan constantemente”, explica Rodrigo sobre los cambios familiares que implica tener el hogar en la cultura americana.  

Edwin Plata, bogotano, que vive en Miami desde hace más de 20 años

Él recuerda que cuando emigró a Estados Unidos tuvo que quedarse por una larga temporada con su pequeña hija Valeria,  de 5 años en ese entonces, y encargarse de todas las actividades que normalmente su esposa hacía: peinarla, bañarla, darle de comer escucharla, jugar con ella, educarla y sobre todo tratar de que no se sintiera tan sola sin la presencia de su mami. Una situación a la que pocos padres están acostumbrados pero que sin ninguna duda son capaces de realizar, eso sí a su manera. 

Otro momento significativo para Edwin fue el día de la boda de su hija Valeria, quizá un momento en que esos padres protectores preferirían evitar. Su hija decidió casarse y  lamentablemente llegó la pandemia del Covid-19, hubo que aplazar, algunos meses, el matrimonio que se iba a realizar en Colombia, pues era un lugar especial para que toda la familia pudiese asistir. Desde luego la ceremonia fue postergada. Los novios no quisieron esperar más y realizaron una boda en Miami. Edwin tuvo que asumir  ese momento de entregar a su pequeña en el altar para que iniciara  su nueva vida. Como si no fuera duro pasar por ese día,  en los próximos meses deberá viajar a Colombia y asistir de nuevo a  la celebración de la boda  de su hija, puesto que todo estaba contratado y  el sueño de Valeria era casarse en Colombia, acompañada de su familia.

Pablo Solano, colombiano que reside en Chicago – Estados Unidos

Tiene un hijo de 16 años llamado Simón. Este padre nos confesó  que lo más duro fueron los primeros años de crianza de su pequeño,  ya que no contaban con  familia en Estados Unidos y se vio obligado a asumir los roles de la casa; ya que su  esposa, la científica Diana Tita Alvira, en esos tiempos estaba realizando su doctorado y tenía un trabajo de mucha responsabilidad.  Viajaba por largas temporadas  y se ausentaba de la casa.  Esta convivencia tan cercana con su hijo hizo que la relación no solo sea de padre e hijo sino de amigos y cómplices.  

Gustavo Olano, colombiano radicado en Estados Unidos desde hace 22 años, padre de dos hijos uno de 16 y otro de 18 años.

Para él es una parte muy importante mantener presentes las raíces colombianas en su familia y estimular en ellos esas costumbres que caracterizan a los colombianos, que van en nuestro adn y que nos distinguen en el mundo.

“Para mí es muy importante tratar de conservar las costumbres y tradiciones colombianas, siempre trato de inculcarles el idioma, servirles nuestras comidas, recordar nuestras fiestas, el amor por la tierra  y el sentimiento patrio. Esto combinándolo con todo lo que trae el prisma de la sociedad americana, porque también esta cultura hace parte de nosotros”, explicó Gustavo.

La responsabilidad de ser padre en sí es un reto complicado, pero se dificulta más hacerlo en el exterior, porque hay que saber involucrarse a nuevas culturas, a un sistema de educación con marcadas diferencias, a la diversidad religiosa, a valores y reglas que hay que saber comprender para orientar bien a los hijos. Es un trabajo difícil de procesar. Los colombianos de por si somos personas de costumbres muy arraigadas y procurar conservarlas se convierte en un reto personal.  Sumado a que enseñarselas  a los hijos y lograr que se sientan orgullosas de estas es un trabajo difícil para estos padres inmigrantes, pero  como decimos:  “a un colombiano nada le queda grande” y  que bueno es poder transmitir ese amor por nuestro país a estas nuevas generaciones, para que nunca olviden sus raíces y lo que los hace únicos en el mundo. 

Sobre el Autor

Mónica Sanabria

Comunicadora social y periodista, Master en relaciones internacionales. Larga experiencia en medios de comunicación Prensa Radio y Televisión. Desde el 2003 dirige su agencia de publicidad M&M Creative Image productions con gran dominio en artes gráficas, Social Media y Fotografía.

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