“Mujer embarazada de 29 años muere de angustia”. Y de dolor de cabeza, Y de confusión. Y después de tedio. Y por último, de un ataque de mal genio. Esos fueron los titulares de mis noticias personales durante los primeros meses de embarazo, y estoy segura de que muchas mamás primerizas se sienten plenamente identificadas, pues al cóctel de hormonas revueltas, náuseas, acidez y cansancio, casi siempre se le suman los comentarios y consejos -bien intencionados, todo hay que decirlo- de familiares, parientes lejanos, amigos, amigos de los amigos, tenderos, celadores, vendedoras, señoras en la calle y señores en el bus. 

Etiqueta básica al hablarle a una embarazada primeriza: estamos vulnerables, nunca hemos pasado por esto, no sabemos qué esperar, nos morimos del miedo de que a nuestro pequeño feto le pase algo, no queremos escuchar historias de partos aterradores -si no las hemos pedido-, tampoco consejos no solicitados, -por más que apreciemos al consejero- y tampoco recibir información contradictoria tipo “los médicos de hoy en día son muy exagerados, yo así crié a mis 7 hijos y todos están bien, hágame caso”. NO, por favor absténganse. 

En esta segunda entrega de la serie de maternidad en el exterior, quise recopilar 5 creencias populares de la cultura colombiana para determinar si son mito o realidad de acuerdo con la comunidad científica. (En el próximo artículo hablaré de las creencias relacionadas con el recién nacido y va a estar buenísimo, ¡no se lo pierdan!).

Creencia #1: “Coma más, ahora tiene que comer por dos” 

Ni alimentarse bien tiene que ver con la cantidad de comida que ingerimos ni es cierto que una mujer embarazada deba comer por dos. De acuerdo con las recomendaciones de la comunidad médica, durante el primer trimestre no es necesario aumentar el número de calorías, en el segundo trimestre deben tomarse 250 más y en el tercer trimestre 500. Subir mucho de peso durante el embarazo puede desencadenar problemas posteriores como la diabetes tipo 2, problemas de presión o circulación. Lo que sí es mandatorio es llevar una dieta balanceada y rica en vitaminas. Esta creencia es MITO. 

Creencia #2: “¡Ni se le ocurra teñirse el pelo!”

Según un artículo del Huffington Post, «el consenso general y la información que les da el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos a sus pacientes es que, en términos generales, se considera que el uso de tintes es seguro». La preocupación está fundada en las sustancias químicas de los tintes, pero realmente su concentración de los que se usan hoy en día es muy baja y no están en contacto con la piel el tiempo suficiente como para que éstos se absorban en el torrente sanguíneo. Sin embargo, por la salud mental de la preocupada futura madre, se puede esperar a que pase el primer trimestre y los órganos de los bebés se hayan formado totalmente, o usar tintes vegetales. Esta creencia también es MITO. 

Creencia #3: “Si la barriga es puntuda es niño; si es ancha, es niña”

La forma de la barriga de la embarazada se determina por su estructura física de la madre, el peso que haya aumentado, el tamaño del bebé y su posición dentro del útero. No tiene nada que ver con el sexo del bebé y yo puedo dar fe de ello: Julieta fue una barriga puntuda. En este video una docente universitaria desmiente este MITO. 

Creencia #4: “Tender la ropa o la cama hace que el cordón umbilical se enrede”

Este punto es especialmente preocupante para las madres aficionadas al yoga u otro tipo de actividades físicas que impliquen mucho movimiento de las extremidades superiores. Según el portal BabyCenter, los movimientos de los brazos no tienen ninguna relación con los movimientos del cordón umbilical. Las tareas del hogar no están contraindicadas, siempre y cuando se realicen de forma segura, adoptando posiciones que no afecten la espalda ni las articulaciones. Cuarto MITO de la lista. 

Creencia #5: “¿Está embarazada? ¡Ojo con los gatos!”

Ni los gatos provocan abortos, ni absorben el aliento de los bebés ni se vuelven agresivos cuando su dueña queda en embarazo, esos son MITOS. Lo que sí es cierto es que hay que tener ciertas precauciones, pues los felinos son refugios naturales del ‘toxoplasma gondii’, un parásito microscópico que provoca la toxoplasmosis. Aunque es leve en personas con buen sistema inmunológico, esta infección es peligrosa durante el embarazo si llega a infectar la placenta y al feto, llegando a causar problemas estructurales o neurológicos en el bebé. Pero que no cunda el pánico, no es necesario deshacerse de la mascota familiar, solo seguir ciertas pautas como evitar el contacto con sus heces, alimentar al gato con comida especial o bien cocida, mantenerlo dentro de la casa y alejado de la cocina y mesa donde comes. Así pues, esta creencia tiene algo de REALIDAD.

*Descargo de responsabilidad: estas creencias no son exclusivas de la cultura colombiana, también existen en otras latitudes, aunque a veces en diferentes versiones. En este artículo hablo desde mi experiencia de colombiana en el exterior que viajó a Colombia entre su primer y segundo trimestre de embarazo y fue receptora de estos consejos… y muchos más.

Creencias y tradiciones en el pos-parto 

Aunque aquí hablamos del embarazo, de la pequeña investigación para este artículo también salieron algunas prácticas obsoletas -aunque curiosas- sobre el pos-parto o “cuarentena” que no quiero dejar de compartir: mi bisabuela se comió una gallina entera todos los días de la dieta y no la dejaban levantar de la cama; algunas de mis tías no salían de su casa después de las 5:00 de la tarde; y en ciertos pueblos de Caldas se practicaba un ritual en el que, al final de los 40 días, a la mamá le llevaban una taza de chocolate caliente y le ponían una sábana encima, al cabo de un rato el papá se metía debajo de la sábana, le ponía trocitos de queso y compartían el chocolate, y toda esta parafernalia se traducía en salud para el recién nacido. 

Al pensar en las enormes diferencias generacionales de cómo se vive el puerperio -otro nombre para la susodicha cuarentena- entre la época de mi bisabuela y la mía, imagino que me habría ganado un buen jalón de orejas si ella estuviera aquí y se hubiera dado cuenta de mis andanzas después del parto, cuando a las dos semanas me fui muy oronda para Portugal, con muchachita a bordo. 

Finalmente, no hay una receta única para los embarazos y pospartos más allá de los cuidados y mimos recomendados por el personal médico, y los niveles de comodidad y salud de mamás y bebés. ¿Qué piensan nuestros lectores acerca de estas creencias?, ¿qué otros “mitos” o “realidades” del saber popular colombiano agregarían?, ¿qué otro tipo de información han recibido en sus países de residencia? Compartan sus experiencias, ¡queremos leerlas!  

 

Escrito por: Manuela Osorio Pineda