A todos los bebés les toca aguantarse a sus papás primerizos: el miedo, la inexperiencia o la ansiedad cuando lloran “sin motivo” aparente -aunque siempre lo hay- nos llevan a cometer una que otra burrada. Si a eso añadimos el factor “mamá migrante”, significa que la eterna fuente de sabiduría que constituyen los abuelos maternos y la familia extendida no está disponible de forma tan inmediata ni tan eficiente, porque no nos digamos mentiras, las videollamadas también tienen sus límites. Con esta declaración llevamos la conversación a mi terreno personal, la materia prima de esta serie de artículos para papás en el exterior. 

Además de primerizos, a Julieta le tocaron unos papás millenial, así que todo (absolutamente todo) acabamos googoleándolo: cómo instalar la silla del carro, cuál es la forma correcta de dar un tetero, posiciones de lactancia para evitar las grietas y los gases… Eso sí, ¡millenials pero periodistas! Así que nos aseguramos de ir a fuentes confiables: Apps desarrolladas y avaladas por la comunidad médica, canales de YouTube de matronas expertas en lactancia y redes sociales de pediatras. 

Navegando por ese amplio y ancho mundo digital para papás me encontré con el Dr. Barbuchas*, un pediatra colombiano, experto en cuidados paliativos pediátricos que usa sus redes sociales para difundir su conocimiento de acuerdo a los últimos avances médicos para que los padres de familia estemos a la vanguardia en la atención de nuestros hijos. De sus tweets pasé a Facebook (por aquello de las opiniones) y acabé en su Instagram totalmente enganchada por la información y el concepto gráfico. 

Por aquellos días me había estado documentando con mi mamá y mis tías sobre las tradiciones colombianas para el cuidado de los bebés que les habían transmitido mis abuelas y bisabuelas durante sus propios embarazos y pospartos, y aunque hay mucha sabiduría en algunas recomendaciones, otras merecen ser puestas en tela de juicio. Para asegurarme de la procedencia y efectividad de estos mitos de crianza decidí escribir al Dr. Barbuchas. Nuestra entrevista, muy millenial, no fue en su consultorio ni en un café, sino a través de audios de WhatsApp, a 8000 km de distancia, mientras él cuidaba a su Tomás y yo a mi Julieta, ambos de 3 meses. 

Mito #1: las manillas para el mal de ojo

Es un mito común a varias culturas; en otros países como Grecia y Turquía también se utilizan. Supongo que esta creencia habrá nacido como explicación a unas enfermedades que no se entendían; cuando los niños se ponían amarillos -síntoma de ictericia-, convulsionaban por fiebre o tenían diarreas por virus había que buscar alguna explicación mística, esto hacía que se terminara poniendo la fe en estos accesorios. Como estas enfermedades no les daban a todos los niños, algunos usaron las manillas, les fue bien y la creencia se fue difundiendo de generación en generación. Como pediatras intentamos respetar todas las creencias aunque no tengan base científica, pero lo que sí nos interesa es que no sean peligrosas. El problema con estas manillas es que como la mayoría tienen piedritas o cuentas, existe el riesgo de que un niño que ya empieza a llevarse todo a la boca pueda asfixiarse con ellas. También puede pasar que si no se tienen todas las medidas de aseo, se conviertan en un foco de infección. Lo que yo recomiendo es que amarren la manilla a la cuna o al coche, donde el niño no pueda alcanzarla.

Todas las gráficas de este artículo fueron tomadas de las redes sociales del Dr. Barbuchas y elaboradas por Tangroop*

Mito #2: No tener mucho tiempo a los bebés en brazos porque se “resabian” o malcrían

Hay varias corrientes al respecto, pero la que tiene más evidencia es que no es lógico dejar a un niño llorar cuando está solo o está pidiendo atención. El llanto es una medida que se ha desarrollado mediante la evolución, un mecanismo de defensa que les permite a los niños llamar la atención en el momento en que se sienten vulnerables, que su vida está en riesgo, o que tienen alguna necesidad insatisfecha; muchas veces lloran por hambre, por frío, por calor o porque están sucios, pero muchas otras lo que necesitan es afecto y cercanía. Hay estudios de la época de la Segunda Guerra Mundial donde los niños que estuvieron en cunas pero sin ningún tipo de estímulo porque nadie los cargaba, estuvieron sometidos a mucho llanto y después ni siquiera lloraban; esa privación de afecto hizo que posteriormente presentaran rechazo, agresividad y problemas psicológicos. Los niños no necesitan que les dejemos de prestar atención para forjar un carácter, todo lo contrario; necesitan nuestra atención, nuestro tiempo y nuestros mimos. Esa es la mejor forma de que crezcan sanos y felices.

Mito #3: Sacar a los niños al sereno para mejorar las defensas

El cambio de temperatura que se puede producir al atardecer no tiene ningún poder sobre las defensas de los niños, lo que sí influye son las vacunas: es fundamental tenerlas al día y además llevar una alimentación adecuada. Los cambios bruscos de temperatura pueden hacer que algún tipo de infección viral que ya esté en el cuerpo se manifieste; en ese sentido esto no sería beneficioso. Por otro lado, sacar a los niños de su ambiente natural los expone a más antígenos -es decir, a más elementos del ambiente que pueden llegar a producir enfermedades- y esta exposición puede ayudarles a producir defensas hasta cierto punto. Lo que sí se sabe es que los niños con los que son muy estrictos en el aseo -lo que se conoce en medicina como ‘teoría de la higiene’-, que están excesivamente cuidados para que no tengan ningún tipo de contacto con sustancias -el piso, la grama, la tierra…- pueden resultar siendo niños más atópicos, más alérgicos, y presentar rinitis, asma… Hay estudios que han encontrado esa asociación, pero que el sereno proteja de algo, claramente no. 

Mito #4: Usar maizena cuando se queman 

No hay evidencia de que la maizena funcione en casos de dermatitis del pañal o pañalitis. Aunque tengan propiedades para secar la piel, el uso de talco o maizena puede terminar generando más alergia o irritación ya que la piel los reconoce como sustancias extrañas. Lo más importante cuando un bebé está quemado es mantenerlo muy seco y limpio y cambiar el pañal frecuentemente, pues casi siempre el problema empieza por llevar varias horas sin ser cambiados. Se recomienda dejarlos sin pañal por el mayor tiempo posible, pues el aire refresca y ayuda a la cicatrización. También hay cremas con óxido de zinc o antimicóticos -medicamentos para los hongos- que ayudan bastante y deben ser prescritos por el pediatra. 

Mito #5: Dar a los bebés agua de fríjol a los 5 meses para fortalecer el estómago

No hay evidencia de que ninguna bebida en especial pueda proteger o mejorar la digestión de los niños, lo que sí es claro es que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los niños hasta los seis meses solo deben tomar leche materna y cuando no es posible, fórmula. Como su estómago solo está preparado para tolerar la leche, otro tipo de alimentos pueden causar un desequilibrio o infección, e incluso pueden terminar repercutiendo más adelante en otros trastornos como cólicos o enfermedades intestinales. 

Mito #6: La Ponymalta, la cerveza y la leche de hinojo aumentan la producción de leche materna 

Está demostrado que lo que permite que una mamá genere más leche es la succión del bebé y que esté bien hidrata. Esa hidratación no requiere ninguna bebida específica como el caso de la Ponymalta. En cuanto a la cerveza, las mamás no deben consumir alcohol durante el embarazo ni durante la lactancia ya que éste se transmite a los bebés y puede ser nocivo. Con el hinojo hay mucho riesgo, pues se ha demostrado que en algunos casos puede provocar reacciones en el sistema nervioso del bebé como somnolencia, afectación de su estado de conciencia -o sea quedar muy dormidos- e inclusive llegar a provocar convulsiones. Cuando hay una situación que se presenta en pocos casos pero son muy graves, siempre les digo a los papás: “esa es una lotería que tú no te quieres ganar”, así que no vale la pena someter a un niño a ese riesgo por tomar una sustancia que probablemente produzca más leche pero que pueda llegar a poner en riesgo su vida. 

Uno de los grandes problemas que tenemos con la lactancia es que hasta cierto punto se ha romantizado: sí es maravillosa y es el mejor alimento que se les puede dar a los bebés, pero también se cree que es fácil y que fluye, y lo cierto es que tiene sus dificultades y esto es más común de lo que se piensa. Esto genera una carga psicológica para las madres que puede resultar agravando unos problemas de amamantamiento que se pueden solucionar con un consejero de lactancia o el pediatra de confianza. 

Mito #7: Dejar llorar a los niños para que sus pulmones se desarrollen

Por las razones mencionadas anteriormente, definitivamente no hay que dejar llorar a los niños. Seguramente este mito surgió de que cuando el niño nace y no llora termina hospitalizado por problemas respiratorios o neurológicos, y los médicos terminamos diciendo “fue que los pulmones no se desarrollaron y no lloró”. Pero una cosa no tiene que ver con la otra; el niño no necesita llorar para que el pulmón se desarrolle después del parto. Al nacer, las primeras respiraciones del niño son mediante el llanto, este es un mecanismo completamente espontáneo e instintivo que permite que los pulmones se abran para dar entrada al oxígeno, y que se pase del momento en el cual estaban respirando a través del cordón umbilical a esa  respiración fuera del útero donde sus pulmones empiezan a funcionar. Después de ese primer proceso el pulmón no necesita ningún otro llanto para seguir desarrollándose. 

Mito #8: Usar una almohadilla de arroz para que a los recién nacidos no se les deforme la cabeza

Cuando un niño dura mucho tiempo acostado en la misma posición desarrolla algo que se llama ‘plagiocefalia’ o síndrome de la cabeza plana y esto tiene problemas principalmente estéticos, sin embargo, la medida para contrarrestarlo no sería una almohadilla de arroz. Los niños no deben dormir con almohadas pensando en algo que se denomina ‘sueño seguro’ y es que cualquier elemento que haya dentro de la cuna y que pueda terminar encima de su cabeza es riesgoso ya que pueden asfixiarse; tampoco deben dormir bocabajo o de lado. La solución es no mantenerlos tanto tiempo en la misma posición para evitar esa presión constante sobre un solo lugar de la cabeza. Cuando están despiertos también deben estar bocabajo para desarrollar los músculos del cuello. 

Mito #9: “Entabacar” al bebé para que no sea ‘garetas’ (piernas en arco) y para que duerma mejor

El hecho de mantenerlos un poquito “aprisionados” los tranquiliza y limita el ‘reflejo del moro’; un reflejo instintivo con el que nacen y que hace que extiendan los brazos y las piernas ante estímulos como ruidos y movimientos, así que esta práctica evita que se despierten. El problema con esa ‘entabacada’ es que los mantiene en una posición que puede afectar el desarrollo de la cadera: la cabeza del fémur -ese hueso largo de la pierna- termina en la cadera y ayuda a su formación, cuando los ‘entabacamos’ el huesito no queda en el lugar en el que debería, produciendo o aumentando una displasia de cadera. 

Mito #10: Usar botones y fajas para que el ombligo no quede protuberante 

Yo he visto botones, semillas, monedas, fajas… y nada de eso ha demostrado que disminuya la probabilidad de que el niño vaya a tener una hernia; si la tiene, en la mayoría de los casos desaparece antes de los dos años sin necesidad de estos elementos. El problema con este mito es que es bastante traumático para un bebé tener un trapo amarrado a la barriga y no permitir su movimiento; además, esos objetos pueden retrasar el cierre de esa protuberancia, teniendo que intervenir una hernia que probablemente se hubiera cerrado sin necesidad de cirugía. Cuando esos botones los ponen con esparadrapo o cinta, se irrita bastante la piel, generando quemaduras o incluso infecciones graves. Especialmente en los recién nacidos el ombligo es una zona de bastante cuidado que debe estar limpia y al aire para que se seque y se caiga muy bien, así que con más razón no hay que poner nada allí.

 

*El Dr. Barbuchas es Miguel Andrés Bayona Ospina, médico pediatra de la Universidad Surcolombiana de Neiva, Máster universitario en cuidado paliativo de pediátrico de la Universidad de la Rioja y presidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, regional Huila.

 

Escrito por: Manuela Osorio Pineda