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Lo aprendí de mi papá: las lecciones de los padres colombianos

Lo aprendí de mi papá: las lecciones de los padres colombianos

Siempre escuchamos historias de mamás: de lo que nos enseñaron en la infancia, sus consejos para cocinar, sus trucos para organizar nuestros espacios… y mucho más. Pero en muchas ocasiones nos olvidamos de los papás, que hacen tanta parte de nuestra vida como para dejar enseñanzas, lecciones y muchos momentos divertidos a lo largo de nuestras vidas.

Crecer con un papá colombiano es ciertamente más particular. No solo son los padres más protectores con sus hijos, sino que además pareciera que vienen con todo un set de habilidades especiales: trucos, recetas… y hasta chistes. Por eso en este mes, cuando se acerca la celebración del Día del Padre, decidimos recordar algunas de las cosas que solo podemos aprenderle a un papá colombiano. En mi caso, esas lecciones se han convertido hasta en temas de conversación con mis amigos, a miles de kilómetros de casa. Seguramente en la lista habrá algunos casos familiares y, con suerte, te sacarán alguna sonrisa.

-Todo tiene arreglo: no hay un rasgo más de ‘papá’ que el deseo de querer arreglar todo en la casa, así sea evidente que la mejor opción es no arreglarlo, porque se puede empeorar. Papá colombiano que se respete ha intentado hacer alguna reparación en la cocina, el baño o el garaje por si mismo, algunas veces con éxito y otras… teniendo que ceder y llamar a los verdaderos expertos. Sin embargo, se puede aprender una que otra cosita: a destapar el lavaplatos, a usar un martillo por si algún cuadro necesita ser colgado y, especialmente en el caso de quienes crecimos en el Caribe, a abrir un ventilador por si se atascaba en la mitad del día.

Padres colombianos

-Siempre un presupuesto: ese va con una pequeña historia personal, que siempre cuento con alegría: cuando tenía 12 años mi papá fue asignado en un proyecto laboral que lo tendría lejos de casa por varias semanas. No es que mi mamá sea mala con las finanzas, es que a la hora de rendir las cuentas a veces no le dan… entonces había que buscar una solución que hiciera cuadrar las cuentas, y esa solución fui yo. A esa edad me convertí en la ‘gerente’ de mi casa: la que sacaba las cuentas del mercado, les daba mesada a los hermanos y distribuía lo de pagar los recibos. Y esa es una de las lecciones más valiosas que me dio mi papá, a ser responsable y tener un presupuesto para todo. En un país como Colombia, en el que pocos pueden darse el lujo de gastar sin pensar en cuánto cuestan las cosas, debemos tomarnos un momento para apreciar a nuestros papás que todo lo presupuestan y se las ingenian para estirar el dinero. Sin duda es una lección que me ha servido varias veces en mi vida cotidiana.

-La adultez, fácil para ellos: no creo que sea la única persona que a sus más de 30 años no se siente completamente funcional como adulta. Es como que siempre hay un trámite, responsabilidad o tarea que nos está esperando a la vuelta de la esquina y para la cual no estamos preparados. Nosotros no, pero nuestros papás sí. Bien lo decía Andrés López en ‘La pelota de letras’, “ellos saben cómo funciona la patria. Saben en qué edificio se pagan improntas, traspaso, promesa de compraventa, cámara y comercio. Uno no agarró esa vaina”. Y sí, no la agarramos. Pero es lo bello de tener al papá, que aún estando en otro país sabe cómo son los procedimientos de cada cosa y aconseja cuál es el mejor. A la hora de firmar un contrato, hacer un nuevo papeleo o simplemente, tratar de organizar las responsabilidades, es mejor consultar primero con los expertos.

-A regatear: un papá colombiano pide rebaja en todas partes. Es ley, es más, debería estar en la constitución. Y aunque muchas veces nos parezca un poco penoso, la sola acción de regatear es un testamento importante del carisma y la capacidad de convencimiento de nuestros papás, que se van felices con una rebaja mínima, pero sabiendo que su trabajo está hecho. Los padres colombianos también son expertos cazadores de ofertas y cupones, y saben en qué supermercado está más barato el aguacate. Seguro por eso es que en mi vida adulta lejos de mi papá todavía voy a varios locales a la hora de hacer mercado, “buscando la economía”.

-Y al final, el corazón: podemos decir muchas cosas de nuestros papás, que nos regañaron mucho en la infancia, que nos hacían pasar muchas penas o hasta que nos heredaron sus ‘mañas’, pero lo más importante que tenemos que recordar es que a nuestros padres les debemos mucho de lo que somos. En mi caso, la dedicación, el amor por los detalles y la pasión por cualquier cosa que emprendo (además del amor por el fútbol y las ganas de sufrir por el Junior de Barranquilla). Y eso es lo más valioso de todo: recordar que en medio de cada pequeño gesto y detalle hay algo de ellos, que vive en nosotros.

¡Feliz día a todos los papás!

Sobre el Autor

Jeniffer Varela

Periodista colombiana y magíster en Estudios de Moda, especializada en temas de moda y estilo de vida. Ha trabajado toda su vida escribiendo, ya sea desde la sala de redacción de un periódico, su propio blog o tomando la voz de una marca para llevarla a sus clientes.

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