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Mamá Millennial Yerbatera ha llegado para salvarnos

Mamá Millennial Yerbatera ha llegado para salvarnos

“¡Estamos preparadas como un yogur!.. ¡Mejor cocinadas que un sancocho!..” Anuncia Rajel con entusiasmo en un ‘story’ de Instagram, mientras pasea a su hijo Noah, de 7 meses, en una mañana primaveral en Las Vegas. Faltan un par de días para uno de sus talleres y los cupos están completos: las participantes han recibido una “cajita Sufi” con los materiales necesarios y un temario ilustrado, y están listas para conectarse a Zoom y aprender a elaborar cuatro productos de fitocosmética: champú en polvo, un desmaquillante, un labial colorido y una vela corporal. “Todos los ingredientes son naturales porque nuestro lema es: no pongas en tu piel lo que no puedes comer”, me cuenta cuando le pregunto por su proyecto.  

El uso de las plantas con fines estéticos y medicinales no es nada nuevo; al parecer, se ha usado desde la prehistoria y de manera universal. Ya ‘Ötzi, el hombre de hielo’ -al que encontraron congelado en los Alpes- cargaba hierbas medicinales entre sus bártulos, hace más de 5.000 años: ¡y no descartemos que se las hubiera metido ahí la mamá por si le daba una indigestión por el camino! (*teoría no confirmada de la autora de este artículo*). Este uso de la herbolaria lo encontramos en la medicina tradicional china, la japonesa -denominada ‘Kampo’, la india -también llamada ‘Ayurveda’, y en las comunidades indígenas y afrodescendientes del continente americano.

La sabiduría de curanderos, hechiceros, chamanes, taitas, yerbateros y matronas se ha extendido por lo ancho y largo del mundo, consolidándose como saber tradicional en muchas culturas, especialmente las latinas. Por eso no es nada raro que más de un lector se acuerde de los “remedios de la abuela” para hacer frente a gripas recurrentes o a problemas digestivos; o de los “tips de la mamá” para mejorar el aspecto de la piel, combatir las arrugas y tener un pelo brillante y sedoso, digno de un comercial de Pantene (aunque sin usarlo). Con el auge de las redes sociales, hoy en día se está haciendo evidente el deseo de volver a lo natural y reconectar con los saberes ancestrales; eso sí, pasando por el riguroso proceso de descartar todas esas prácticas que puedan ser peligrosas o contraproducentes. De esa necesidad y de la curiosidad por explorar y aprender, nació el “instinto herbal” de Rajel, algo que desconocía totalmente cuando empezó a estudiar Comunicación Social y Periodismo en Manizales, o Artes Manuales en Bogotá. 

El viaje de Rajel 

Rajel Hayyim es una colombiana que vive en Las Vegas junto a su esposo y su hijo. Pero esta no es su primera vez como migrante: “mi madre, de ascendencia judía, se tomó muy en serio eso de ‘vive Colombia, viaja por ella’, y de pequeña viví en muchos lugares del país. A los 20 años decidí irme para Israel con mi hermana, y poder retornar a mis raíces me cambió la vida por completo”. Cuando volvió a Colombia, su pareja la estaba esperando con una propuesta: mochilear por Sudamérica, un viaje que se convirtió en una aventura de tres años con varias paradas, la última de ellas en Perú. “Esa aventura nos enriqueció demasiado en cuanto a cultura, gastronomía, lenguaje, pero llegó un punto en el que sentí que tenía que asentarme y volví a Colombia con mi vida en una maleta”. 

De vuelta en el país Rajel se enfrentó a una pregunta crucial: “¿Y ahora qué hago? Después de todo lo que habíamos hecho, empecé a sufrir claustrofobia de oficina y no encontré un trabajo que me dejara sentir libre”. En ese momento su novio (ahora esposo) le propuso que hablara con una tía suya, conocida como “la yerbatera de la familia”; quien elaboraba productos naturales especiales de acuerdo con las necesidades de sus allegados: la “sal llamaplata”, el “jaboncito acérquese mi amorcito”, y cosas por el estilo. Rajel se volvió distribuidora y se fue para Cali a venderlos, y ahí fue cuando se dio cuenta de la gran acogida de los productos de fitocosmética, empezó a meterse en el mundo de la herbología y creó su propia marca. 

Su aprendizaje empezó de forma empírica, con tutoriales y asesorías virtuales de pequeñas escuelas, y después, al acercarse a otras expertas: las yerbateras de los mercados: “Estas mujeres que cultivan sus hierbas y plantas y las distribuyen por toda Colombia, fueron mis maestras. Esas mamás y abuelas que tienen las uñas verdes y las manos llenas de color tierra, tienen un conocimiento intacto, genuino y autoctóno muy valioso. Ellas me enseñaron todo lo que a su vez habían aprendido de sus madres, abuelas y bisabuelas; escucharlas era enriquecedor y sabroso”. Hoy, años después de sus primeras incursiones en estas tradiciones ancestrales, Rajel está complementando su formación empírica con la académica y cursa un nivel avanzado de herbolaria en una academia certificada en los Estados Unidos. 

 

Foto Rajel

“Mis talleres están dirigidos a todas las personas interesadas en crear una alternativa de consumo consciente, que están cansadas de los productos químicos de belleza, y que quieren elaborar sus propios productos. También está dirigido a las personas que quieran emprender y elaborar sus propios productos para la venta”.

La yerbatera empresaria

“En ese primer proyecto como marca independiente yo era la todera, y todo emprendedor sabrá lo que es dedicarse enteramente al producto: elaborarlo, etiquetarlo, empacarlo, fotografiarlo, publicitarlo, venderlo, enviarlo… ¡Y no por falta de ganas! Sino más bien de recursos”. Metida de lleno en el proyecto, Rajel se fue para Bogotá y empezó a llamar a las puertas de todas las tiendas afines para que comercializaran sus jabones, champús, sales y aceites corporales, y en una de ellas dio con una “pepita de oro” que es la base de su negocio actual. 

“Empecé a conocer una comunidad muy bonita que apoya al producto local, el mercado orgánico y el consumo consciente, y dejé de sentirme sola. En una tienda maravillosa que se llama ‘La Trocha’, creada por dos chicas, me hicieron una propuesta: ‘Rajel, tú tienes un conocimiento un conocimiento increíble, ¿por qué no das un taller en nuestro espacio?’ Y yo dije, ¡de una, lancémonos! Vamos a enseñar a fabricar unas ‘pindas’ ayurvédicas, que son unos saquitos de tela rellenos de hierbas aromáticas y semillas para hacer masajes y abrir los poros, pero en vez de conseguir los ingredientes de La India, decidimos buscar productores locales, porque en Colombia hay una cantidad de hierbas y especias que podemos usar. Así fue que toda la herbolaria indígena colombiana se fusionó con este conocimiento de las técnicas milenarias de La India y nació un taller exitoso que tuvo varias ediciones, porque todos los participantes querían repetir y traer a sus mamás, novias, amigos, etc…”  

(Video recomendado: Tratamiento capilar anticaída)

Larga historia hecha corta: Rajel acabó vendiendo su primera marca y creando otras dos: Sufi Herbals y Iofimakeup. “En sánscrito Sufi significa “el detalle detrás de las cosas”; así que Sufi Herbals es el detalle detrás de las hierbas, y empecé a elaborar productos que literalmente, puedes comer. Con estos nuevos proyectos aprendí a elaborar otros productos que también añadí a sus catálogos: harina de garbanzos, de mijo, de fríjol mungol, y una línea de maquillaje elaborada a partir de ingredientes absolutamente naturales. A mis clientes anteriores se sumaron los veganos, quienes padecen de alergias y otras personas que querían llevar un estilo de vida más sano y tener un consumo más respetuoso con el medio ambiente, pues nuestros envases son eco-amigables”. 

El taller de Rajel no es otro que ese espacio donde tradicionalmente las abuelas y madres se han encargado de cuidar a sus familias: la cocina. “Ahí estaba, en mi cocina-laboratorio de cosmética natural, cantando a grito herido una canción de Shakira mientras revolvía la albahaca y la fusionaba con la caléndula, feliz con la herbolaria como base de mi vida, cuando recibí una notificación: después de más de un año me habían aprobado la residencia en los Estados Unidos, el país natal de mi esposo. Tenía 6 meses para hacer de nuevo las maletas y emigrar; pero esta vez no vendí mi marca, y me traje a Sufi conmigo”. 

Los desafíos de la yerbatera migrante

Nuevo país, nuevo idioma, nueva plaza… Emigrar era establecer su marca de nuevo en un mercado muy diferente, y con pandemia de por medio. “A los dos días de que noe mandaran a todos a casa por el Covid-19, descubrí que estaba embarazada y pensé ¡Por Dios! Esto es una cosa maravillosa, pero, ¿qué hago yo ahora?” Y mientras se gestaba su hijo, también lo hacía el nuevo enfoque de su proyecto de vida, y Rajel empezó a dictar sus famosos talleres a través de internet. “En mis talleres enseño cómo elaborar productos cosméticos naturales para bebés, para infantes, para mujeres y para hombres de todas las edades. Un sábado al mes, durante cuatro horas, me conecto con un grupo maravilloso de personas en Colombia, México y los Estados Unidos, y elaboramos juntos cuatro productos de fitocosmética, de todos los que tenemos en catálogo”. 

Cada taller incluye una caja con los materiales, que llega a la puerta de la casa de quienes se inscribieron. Después de la sesión, Rajel crea un grupo privado de whatsapp en el que responde las preguntas de sus alumnos a medida que experimentan con la herbolaria y la fitocosmética. Sus próximos dos talleres tiene un enfoque especial: uno de ellos lo impartirá junto a una yerbatera mexicana que viene de familia de chamanes, y hablarán de la herbolaria nativa de México y Colombia, fusionándolas con las técnicas de belleza y bienestar de la India. Otro, estará dirigido a una comunidad de madres latinas residentes en Israel, y se enfocará en la elaboración de productos naturales para bebés y niños. 

La cajita Sufi contiene todos los ingredientes necesarios para preparar cuatro productos de fitocosmética.

Mucho más que belleza física 

Rajel tiene talleres para todas y todos, pero reconoce que a través de sus talleres con mujeres, intenta llevar un mensaje empoderador en contra de los estereotipos absurdos de belleza que se nos han impuesto. “La belleza empieza desde adentro: ¡la fitocosmética no es para corregirnos nada porque somos perfectas como somos! Estas técnicas son para empezar a generar un equilibrio mental y emocional, más que simplemente para generar una apariencia de belleza física. Por más maquillaje que tengamos, no podemos estar y sentirnos hermosas si tenemos cara de cólico por un dolor menstrual tenaz: por ejemplo, en uno de nuestros talleres hay un desmaquillante herbal que se elabora con las mismas hierbas con las que podemos preparar un té para suavizar los dolores menstruales, entonces cada producto de belleza tiene detrás un receta para nuestro bienestar, porque es importante que estemos mental y emocionalmente equilibrados para poder reflejar desde nuestro interior esa belleza física”. 

Rajel procura que sus talleres sean una terapia para todos los participantes, un encuentro consigo mismos en el que aprendan, se diviertan y conecten con un estilo de vida más saludable: “Les prometo que podemos poner de fondo AC/DC, al tiempo que fusionamos la albahaca, el orégano, la caléndula; y mientras se cocina nuestra mantequilla facial completamente orgánica, ¡nos tomamos un tecito y echamos rulo! La idea es generar bienestar genuino, levantarnos entre todos, enseñar y aprender al mismo tiempo”. 

Sobre el Autor

Manuela Osorio

Manuela es Comunicadora Social y Periodista de la Universidad de Manizales y tiene un máster en Economía Creativa, Gestión Cultural y Desarrollo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha vivido y trabajado en Estados Unidos, India y Reino Unido. Hoy se dedica a la creación de estrategias digitales para empresas y contenidos para medios digitales e impresos, desde España.

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