“Por esa época la vida no me sonreía. Más bien hacía muecas, como si algo le provocara risa nerviosa. Era el inicio de los años noventa. Me encontraba en París, ciudad voluptuosa y llena de gente próspera, aunque ése no fuera mi caso. Lejos de serlo.”

Fragmento de El Síndrome de Ulises, de Santiago Gamboa.

Así empieza uno de los libros más traducidos del escritor colombiano, en el que narra las aventuras de un estudiante bogotano en una París muy diferente a la que imaginó antes de llegar, entremezcladas con las historias de sus amigos provenientes de todas partes del mundo. Las historias son de esperanza, de comunidad, de exploración, de sexo, pero también de necesidad, de hambre, de soledad y tristeza. Sobre todo de tristeza. 

En su obra, Gamboa habla principalmente de la sensación de desarraigo que conlleva la migración, especialmente exacerbada cuando es obligatoria pero que también puede existir cuando es voluntaria. El título, que hace alusión a ese héroe mitológico que pasa 10 años tratando de volver a Ítaca, es también el nombre que la comunidad científica le dio a la condición de estrés crónico que padecen muchos inmigrantes: el Síndrome de Ulises.  

¿Qué es el Síndrome de Ulises?

También conocido como el Síndrome del Emigrante, se define como un cuadro psicológico de estrés crónico y múltiple que afecta a quienes dejan su país de origen para radicarse en otro. Esta situación es mucho más común en personas que se han visto forzadas a emigrar por situaciones extremas en sus países -guerras, amenazas contra su integridad, crisis humanitarias-, pues ésta se da en condiciones de incertidumbre y en estos casos es más probable que las personas no cuenten con una red de apoyo o una comunidad receptora en el país de llegada. 

Sin embargo, el Síndrome de Ulises también puede presentarse en quienes han migrado de forma voluntaria al verse enfrentados a realidades diferentes de las que se habían imaginado o al no haber realizado correctamente un duelo migratorio. El estrés es un estado emocional que se produce cuando hay un desequilibrio entre nuestras capacidades o recursos para afrontar los retos y demandas del entorno; las diferencias idiomáticas y culturales, el limitado acceso a servicios y el aislamiento social son condiciones que pueden desencadenarlo. Mientras más dificultad experimente una persona a la hora de adaptarse, mayores son sus probabilidades de desarrollar esta condición, por eso es más común en personas de mediana y avanzada edad. 

El duelo migratorio 

Celia Arroyo, psicóloga especializada en duelo migratorio, explica que en psicología el duelo está relacionado con la pérdida. El duelo migratorio es, entonces, “el proceso de elaboración de las pérdidas asociadas a la experiencia migratoria” y tiene tres características especiales: es parcial, porque -casi- siempre existe la posibilidad de volver al país de origen o recuperar aquello que se perdió; es recurrente, porque puede activarse en situaciones donde el migrante regresa temporalmente a su país, tiene una conversación con sus seres queridos o se pierde una fecha especial; y es múltiple, porque se da en varios ámbitos: 

  • La lengua: muchas veces se afronta el aprendizaje de un nuevo idioma mientras se pierde la familiaridad con que se da la comunicación en la lengua materna. 
  • La familia y seres queridos: separaciones dolorosas con la incertidumbre del reencuentro. 
  • La tierra: la añoranza del paisaje, los olores, el clima…
  • La cultura: las diferencias en la religión, los valores, las fiestas, costumbres y gastronomía.  
  • El estatus social: sin importar el estatus que tuviera en su país, el inmigrante siempre será “el último en la fila”. Este puede ser uno de los aspectos más difíciles de afrontar y que pueden generar mayor estrés: tener los papeles en regla, conseguir trabajo y vivienda, acceder a los servicios públicos, perder privilegios, etc. 
  • Riesgos para la integridad: comienzan en el propio viaje y se asocian sobre todo a quienes viajan indocumentados. Una vez en el lugar de destino, se relacionan con el miedo a sufrir maltratos y abusos, a enfermarse y a no tener techo o comida. 

Síntomas del Síndrome de Ulises 

Algunos de los síntomas físicos y emocionales de este cuadro de estrés son los siguientes: 

  • Altos niveles de estrés por duelos crónicos e irresueltos.
  • Sentimiento constante de fracaso.
  • Sensación permanente de soledad.
  • Sentimiento de aislamiento social.
  • Miedo a ser deportado.
  • Fatiga crónica.
  • Dolores de cabeza.
  • Colitis.
  • Gastritis.
  • Cansancio.

¿Cómo prevenir el Síndrome de Ulises? 

Las claves para evitar sufrir el Síndrome del Emigrante son tres: conciencia sobre las situaciones propias de la migración, predisposición para integrarse y un buen plan de acogida. Migrar es una decisión de vida que conlleva una gran carga psicológica y que no debe tomarse a la ligera. Si se está en el proceso previo a la emigración, estas pautas pueden ayudar en la preparación: 

  • Trazarse metas a corto, mediano y largo plazo. Tener claros los objetivos de la migración puede ayudar a la persona a mantener el equilibrio en momentos difíciles. 
  • Comprender que los éxitos inmediatos conllevan falsas expectativas. La integración es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo. 
  • Estar bien física y mentalmente. Las personas con cuadros depresivos o problemas de autoestima son más propensas a padecer este síndrome. 
  • Informarse sobre la cultura, costumbres, forma de vida y situación actual del país. Hay que ser consciente de que las situaciones de xenofobia, discriminación y rechazo existen, especialmente en el contexto del mundo actual con los movimientos migratorios en masa y la situación política de muchos países. 
  • Tener todos los papeles en regla. Si una persona viaja en calidad de indocumentada o extiende su estadía y se convierte en residente ilegal está mucho más expuesta a riesgos como explotación, problemas legales y la falta de acceso a servicios básicos como vivienda, salud y banca. 
  • Comprender que muchas veces emigrar significa empezar de cero, especialmente en cuanto a la situación y estatus laboral. 
  • Procurar tener una red de apoyo. Familiares, amigos, conocidos, grupos u organizaciones de ayuda al migrante pueden hacer el proceso mucho más fácil. 
  • Los amigos y familiares de los migrantes también pueden ayudar en el proceso evitando poner presión extra en la persona que ha emigrado. El apoyo y la seguridad de que siempre puede volver a su hogar es esencial en estos casos. 

¿Cómo se puede tratar el Síndrome de Ulises? 

El hablar abiertamente sobre estos temas de salud mental es clave en el tratamiento de este cuadro de estrés crónico. De ser posible, consultar al personal médico, estar bien nutrido, descansar lo suficiente y tener actividad física son las primeras medidas de acción en estos casos. La comunicación con los seres queridos, el acceso a grupos de apoyo (físicos y virtuales) y el pensamiento positivo son aspectos importantes. A medida que el migrante se adapta y normaliza su situación, sus niveles de estrés disminuirán y su estado mental mejorará, aunque hay que ser conscientes de que algunos de los duelos pueden alargarse en el tiempo. 

Sin embargo, no todos los migrantes tienen los recursos para tratarse y viven situaciones extremas; es aquí donde entran a jugar las organizaciones, las políticas públicas y la actitud de las personas que viven en los países de acogida. Generar conciencia es una tarea de todos, en los tiempos que corren es necesario volver a humanizar las migraciones, cambiar los mitos de la migración y dejar de centrarse en las estadísticas y discursos xenófobos para entender que detrás de los números.

 

Escrito por: Manuela Osorio Pineda