Una de las dinámicas a las que nos enfrentamos los inmigrantes es la de relacionarnos profesional y efectivamente con personas que han crecido en otras culturas y hablan otros idiomas. En el caso de quienes tienen hijos, el gran reto para quienes crían a la primera generación de su familia siendo inmigrantes se relaciona con la decisión de estimular o propiciar el habla de dos o más idiomas en su casa, permitiendo que sus hijos, desde temprana edad, dominen estas lenguas, una tarea que para muchos resulta complicada y para otros no es negociable a la hora de la crianza, pues sienten que cuando los hijos hablan la lengua materna de los padres hay una relación más cercana con su cultura y sus raíces, sin importar en qué parte del mundo se encuentren. 

Mucho se ha dicho sobre las ventajas de criar hijos que hablen más de un idioma, siendo la más obvia la capacidad para poder comunicarse con dos grupos de personas diferentes desde temprana edad, algo que es particularmente beneficioso cuando se vive en el exterior. Sin embargo, el bilingüismo también trae beneficios inadvertidos a nivel cognitivo: estudios especializados han demostrado que quienes hablan varios idiomas tienen un mejor manejo de las llamadas funciones ejecutivas del cerebro, como la atención, la memoria a corto plazo y la planificación. Además, existen indicios de que ser bilingüe ayuda a retrasar el envejecimiento del cerebro y reducir las posibilidades o aparición de enfermedades como el Alzheimer. 

Para Jennifer Vega, fonoaudióloga especialista en patologías del lenguaje quien trabaja con niños de padres inmigrantes en Nueva York, es muy común encontrar familias que se resisten a criar a sus hijos hablando dos idiomas por diversas razones. “Muchos papás piensan que si el niño habla en español lo va a retrasar más, que no van a aprender los dos idiomas. Lo otro también es un miedo al racismo, la gente cree que el niño va a ser señalado por diferente, y temen que hable un idioma distinto a los demás”. Sin embargo, la especialista asegura que se ha demostrado a través de la historia que los niños tienen todo el potencial para desarrollar varios idiomas al mismo tiempo, sin que esto implique ningún tipo de dificultad en su aprendizaje. 

“Los seres humanos somos hablantes universales. Antes de los cuatro meses de vida estamos atentos a todos los sonidos, luego cuando pasa ese tiempo nos empezamos a centrar más en la lengua materna. Esa es la lengua que uno aprende, la que empieza a escuchar desde el vientre. Y se ha demostrado que los niños expuestos a ambos idiomas desde temprana edad desarrollan ambos al tiempo perfectamente”, explica Vega. 

No obstante, la pregunta sigue ante la inquietud de los padres y a veces su frustración ante un proceso que se da de manera diferente en cada niño, pero de acuerdo con la especialista hay cosas simples que pueden hacerse desde casa para estimular este proceso. 

-El ejemplo empieza por casa: Cuando los niños son criados en un país con lengua diferente a la suya, ese idioma está en todas partes.  “El inglés, en nuestro caso, está en todas partes. Si el niño sale, va a ver letreros en inglés y a personas hablando también en ese idioma. Los programas que ve en la televisión normalmente son en inglés, entonces lo más importante es que el español se refuerce en casa, porque en cualquier momento de la crianza se puede perder”, comenta, siendo muy enfática en que no hay que temer a que el niño no sepa enfrentarse a situaciones en su segundo idioma, pues los niños ejercen especialmente bien su plasticidad cerebral, que es la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y funcionamiento como reacción a la diversidad del entorno. Eso quiere decir que si un niño habla todo el día en español con sus papás, cuando llegue al colegio y escuche a los demás niños hablando inglés será perfectamente capaz de adaptarse a ese entorno en particular. 

-Trabaja con lo cotidiano: En palabras de Vega, no es necesario hacer grandes ajustes en las dinámicas del hogar cuando se trata de criar hijos bilingües, pues es suficiente con reforzar el español en las actividades cotidianas. “Cuando los estamos bañando podemos hablar y nombrarles, por ejemplo, las partes del cuerpo. Al comer, nombrar los ingredientes del plato y lanzar expresiones como “mmm qué rico”, ir mencionando los colores. Que el idioma sea parte de la rutina es muy importante”. También ayuda si sacamos tiempo para leer y jugar en español. 

-No ceder ante la pereza: Por el entorno en que se desarrollan, los niños siempre tendrán inclinación a hablar más en el idioma en que se relacionen afuera. “Ellos están en el colegio y hablan inglés, entonces es más fácil para ellos y responden en ese idioma así se les esté hablando en español”, asegura Vega. La respuesta ante eso es insistir y no ceder ante lo que pueda parecer más fácil. Una buena forma de hacerlo, de acuerdo con la especialista, es insistir en la identidad, en por qué su idioma los hace únicos y especiales, para que se sientan orgullosos de hablarlos al tiempo.

-La paciencia es clave: Además de niños que son criados por padres inmigrantes que hablan el mismo idioma, es muy común también que el niño se enfrente a ambos idiomas desde pequeño, pues sus padres hablan distintas lenguas. En este caso, de acuerdo con la especialista, es posible que comiencen a hablar con fluidez un poco más tarde que otros niños de su edad, por lo que es importante que los padres no se desesperen ni traten de forzar un idioma primero que el otro. “Una vez arrancan, lo hacen con los dos idiomas. Ni se confunden ni se atrasan, eso es un temor completamente infundado”.

Reforzar el perfeccionamiento de dos idiomas en casa es una tarea delicada, pero no tiene por qué ser una misión imposible. Si en medio del proceso sientes que hay algo que debes preguntar a tu médico, consulta con confianza. La mayoría de las grandes ciudades en Estados Unidos tienen programas de salud pública destinados a reforzar el correcto desarrollo de los más pequeños de casa.

 

Escrito por Jeniffer Varela R.