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Carta al Niño Dios de una colombiana en el exterior

Carta al Niño Dios de una colombiana en el exterior

Querido niño Dios:

(CC a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento)

Ni Santa Claus, ni Papá Noel, ni Olentzero, ni Apalpador, ni Viejito Pascuero, ni Père Noël, ni Colacho, ni Befana, ni Dun Che Lao Ren, ni Ded Moroz ni Reyes Magos, ni ninguno de esos imitadores a los que se pide en nuestros países de acogida; yo sigo siendo fiel a ti y eso me tiene que dar puntos. 

Te escribo desde la distancia porque me he portado bien: siempre he tenido mi cédula inscrita en el Consulado de Colombia de la ciudad donde viva -soy de las privilegiadas que tiene uno cerca- y he ido a votar cuando me toca; apoyo los negocios e iniciativas de mis compatriotas en el exterior; e instauré oficialmente la Noche de las Velitas dentro de mi círculo de amigos internacionales, dándoles a probar natilla, buñuelos y canelazo con aguardiente. 

Por esto, Niño Dios, me siento con el pleno derecho a pasarte mi lista de peticiones para el año 2020, en nombre de mis compatriotas en el exterior: te pedimos por favor que no nos falte el trabajito para mandar la remesa y viajar a la tierrita -así, al menos, aprovechamos el desplome del peso-; y, ya que estamos en ello, que los pasajes de avión dejen de subir. Te pedimos también que cada año lleguen más y nuevos productos latinos a las tiendas de nuestras ciudades de residencia; por ejemplo, los plátanitos maduros en bolsa transparente, porque los otros no saben igual. Te rogamos, ¡oh Divino Niño!, por más giras de los artistas colombianos -en mi caso te suplico que a Madrid venga La 33- y que Netflix siga por buen camino en cuanto a la producción de contenidos colombianos: Siempre Bruja y Frontera Verde estuvieron bien, pero que sepas que estamos hasta la coronilla de las Narconovelas.

Queremos pedir también -por los méritos de tu infancia, ya que así nada nos será negado- una serie de cuestiones un poco más… carnudas: la exoneración -o al menos reducción- del impuesto de timbre nacional para el pasaporte, que algunos sabios ya han catalogado como “arcaico y regresivo”; la posibilidad del voto digital para que los 6 millones de migrantes podamos sentirnos al fin tenidos en cuenta en la toma de decisiones que nos siguen afectando; y que nos devuelvan, al menos, la segunda curul en el Congreso, porque un solo puesto no alcanza para visibilizar y luchar por las necesidades de la diáspora colombiana, tan grande como las poblaciones de Medellín y Cali juntas, y tan diversa como nuestra cultura. 

No te pedimos este año -aunque ‘te lo dejamos caer’- el reglamentar -de una berraca vez- la Ley 1465 de 2011 o ‘Ley que regula el Sistema Nacional de Migraciones de Colombia para cumplir con objetivos prioritarios como la Conformación de la Mesa Nacional de la Sociedad Civil para las Migraciones y la creación del Viceministerio para las Migraciones y el Desarrollo con autonomía y presupuesto propio’… Eso ya se te sale de las manos hasta a ti, Divino Niño. Lo que sí incluimos, si no es mucho pedir, es ser tenidos en cuenta dentro del Pacto por Colombia, a ver si dejamos de ser como la prima lejana que solo se recuerda cuando va de vacaciones con ganas de gastar y cargada de regalos, porque eso de que el 17 de diciembre es el ‘Día Nacional del Colombiano Migrante’, no acaba de convencernos. 

Llenos de confianza en vos, ¡oh, Jesús!, que eres la misma verdad, venimos a exponerte toda nuestra miseria. Concédenos por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, al menos alguna de las gracias de las cuales necesitamos tanto: sabiduría para nuestros gobernantes -aunque parezca oxímoron- para que no se desmorone el Acuerdo de Paz; aguante a los valientes manifestantes en Colombia que siguen saliendo con sus cacerolas a hacer bulla hasta que nos paren bolas, y disentería a los que salen con un martillo a romper los bienes públicos: como quien dice, ni tanta oveja arisca, ni mucho cordero manso. Ya entrados en gastos, y si tienes tiempo, suplicamos que ciertos mandatarios de extrema derecha -xenófobos, misóginos y encima brutos- sufran un impeachment, una experiencia religiosa o cualquier cosa que los aleje del poder.

Nos entregamos a ti, ¡oh, Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

Escrito por: Manuela Osorio Pineda

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