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Una frase viral que salió a las calles, la lucha de Ita por la empatía.

Una frase viral que salió a las calles, la lucha de Ita por la empatía.

Ángela María Diez es una economista de Cali cuyo nombre puede no decirnos mucho, porque casi todos la conocen por su usuario en redes sociales, ese mismo que se desprende de Angelita, como la llaman sus familiares. Ita María se ha convertido en los últimos años en una voz escuchada en las redes sociales, desde que empezó con su blog De la Moda y Otros Demonios, pasando por el reporte de tendencias en el que trabajó con el gigante WGSN, hasta llegar a una etapa en la que, con una audiencia formada, podía darse el lujo de opinar de lo que le parecía oportuno. 

Y en 2016, cuando Colombia se preparaba para votar el Plebiscito por la paz, fue el momento oportuno para comenzar a opinar de lo que pasaba a nuestro alrededor. Desde ahí, Ita le dio un nuevo rumbo a su contenido, alternando su trabajo en la industria de la moda con un activismo que crecía, y que hoy se hace realidad en un proyecto llamado Viejas Verdes que lucha por los derechos reproductivos de la mujeres y la despenalización del aborto. En esa combinación de temas, Ita comenzó hablar de la relación entre la moda y la política, y cómo diseñadores como Darío Cárdenas plasmaban las injusticias del mundo que otros no podían hacer evidentes. Entonces salió una frase que decía “que el privilegio no te nuble la empatía”, como una forma de pedir a su audiencia que no permitiera que su propio realidad los alejara de la posibilidad de ponerse en los zapatos del otro. Le gustó tanto, que la fijó en su perfil de Twitter y comenzó a usarla con frecuencia. 

Hasta que llegaron las protestas de noviembre de 2019 en Bogotá, y la frase de Ita se vio por todas partes: en las marchas, en camisetas, en graduaciones universitarias, en performances de protesta internacional. La frase que comenzó como una reflexión de su propia realidad, de pronto se tomó no solo los espacios digitales, sino también los espacios físicos para generar una conversación que todavía genera mucha fricción, pero que ella considera necesaria para avanzar a una sociedad más igualitaria.  

Hay mucha gente a la que le molesta la palabra privilegio… que le dirías tu a la gente que es renuente a aceptar eso ¿fue fácil para ti?


Yo siento que es más difícil hablar de privilegios con el privilegio que en espacios donde hay ausencia de ellos, irónicamente. A mi si me parece que hay un proceso para llegar ahí y me parece un poco arrogante creer dar por sentado que cualquier persona reconoce sus privilegios, a mí me tomó muchos años y creo que todavía somos muchas las personas que no reconocemos los privilegios. Eso viene ambientes muy sobrados en los que la gente reconoce esas ventajas, pero por fuera no es así. Y también considero que a partir de esas conversaciones podemos llegar a hablar, por ejemplo, de la mentira que es la meritocracia, que cuando uno hace una lectura de esos privilegios, así no sean culpa nuestra, esos privilegios están construidos sobre otras opresiones. Para que existan privilegios tiene que haber personas que no los tienen y sí siento que es muy importante pararse ahí y entender que no existe la meritocracia, que lo que pasó fue que yo tuve unas condiciones de vida que me permitieron tener cierta educación, alimentación y vida, que me permitieron desarrollar otros conocimientos y aptitudes. 

¿Piensas que está bien sentir culpa por tener privilegios?

Creo que la culpa no es el objetivo y siento que al final es un dispositivo de control patriarcal. Si solo va a ser para darnos golpes de pecho, la culpa no nos sirve. El tema es más de responsabilizarnos y hacernos cargo, lo cual es complicado porque no se trata de salvar al resto, sino de hacernos cargo de nuestros comportamientos: de nuestro propio racismo, sexismo, machismos, de todo lo problemático que viene de la crianza desde el privilegio porque así no lo hayan querido, nuestras familias vienen con muchos problemas. Yo creo que no es culpa, porque todo bien, no somos responsables de lo que pasó antes, pero sí somos responsables de seguir perpetuando esas conductas. 


¿Crees que en Colombia todo lo que ha pasado es muestra de que estamos caminando a una generación con más empatía?

Total. Yo creo que gran parte de todo lo que está pasando se lo están echando al hombro los estudiantes, los más jóvenes, porque han tenido más herramientas que nosotros para estar enterados de todo. Los jóvenes son más propensos a entender las otras realidades como válidas, en cambio a nosotros nos criaron como si fuéramos la persona más especial del mundo solo validamos nuestra experiencia de vida como una verdad absoluta.

¿Cómo podemos ser más empáticos los colombianos en el exterior dado el privilegio tan grande que tenemos?


Eso tiene mucho que ver con que cuando nos alejamos de nuestras burbujas de privilegio: nuestros círculos, nuestras ciudades, nuestros lugares seguros;  conocemos realidades distintas, saliendo de nuestras propia zona de confort. Ustedes allá son migrantes, entonces como migrantes pierden un privilegio y están expuestos a más violencias. Entonces siento que al salir un poco de eso te expones a otras realidades y tienes que convivir con ellas, te obligas a que tu verdad no es la verdad del mundo. Y sobre todo con el auge de la xenofobia esto se hace más evidente, como también se hace más evidente la empatía que sentimos cuando otros reclaman por sus derechos. 

Por supuesto no se han hecho esperar las críticas sobre la frase, pero Ita sabe que todo es parte del desarrollo normal de las interacciones en la era de las redes sociales, por lo que está trabajando en evolucionar su narrativa a otros formatos, algo que sabe también causará reacciones porque “molesta mucho que una persona ‘sin credenciales’ hable de esto, pero estoy preparada”. Lo más importante, asegura, es que de la manera que sea se siga generando una conversación acerca de nuestros privilegios, y cómo podemos reconocerlos para trabajar en ponernos en los zapatos del otro más seguido. 

 

Escrito por: Jeniffer Varela.

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